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Filosofía y Ciencia: dos conjuntos que se intersectan en la duda
Por: Eduardo Pineda Villanueva
2014

Es fácil imaginar, como argumentó el maestro José Várguez de la Facultad de Filosofía y Letras BUAP, el ágora griega. Jóvenes reunidos para debatir, para explorar el pensamiento y exponer puntos de vista, a veces encontrados, a veces hermanados, en ocasiones generadores de polémica o discusión, pero finalmente ideas, formas de explicarse el mundo.

Lo que no es tan sencillo de imaginar es el ágora en el siglo XXI ¿Dónde? ¿A qué hora si hay que ir a trabajar? ¿Quiénes asistirán al debate? ¿Apenas los debatientes? ¿A quién le importa la idea que tenga el otro, los otros? ¿A quién le interesa preguntarse por la verdad, la justicia, la totalidad o la idealidad?

Afortunadamente aún a muchos; el pasado jueves 18 de Septiembre el aula José María Iglesias del Colegio de Historia de la FFyL se convirtió en el ágora añorada, no fue una conferencia, tampoco una cátedra, fue una charla entre personas interesadas en abrazar la totalidad desde sus diferentes trincheras. Lamentablemente no conocemos  el nombre de todos ellos, eran estudiantes de filosofía, historia, biología y física; de quienes si recordamos el nombre es de quienes compartieron la mesa de charla que en poco tiempo se extendió al aula de charla. El Maestro Nan de la Cueva y el Maestro Fernando Huesca, filósofos por demás generosos quienes compartieron sus ideas, posturas y argumentos; al centro Jonathan Mellado, coordinador actual de las Jornadas Filosóficas Leibniz moderando la plática entre los filósofos y nosotros.

¿Cuáles es la vigencia del conocimiento científico? –Iniciaba la charla– Argumentamos que la ciencia se basa y fundamenta principalmente en la observación y la experimentación, que trabaja por y en el paradigma y sus “resultados” enriquecen a éste; pero el paradigma no resuelve todas las preguntas por más que se intente –Argumentaba Thomas Kuhn– entonces se ingresa a la exploración del enigma que tiene como consecuencia una crisis epistémica de la cual los científicos no podrán salir a menos que el paradigma se “intercambie”, entonces la ciencia normal volverá a su cauce.

 

¿Si el o los paradigmas cambian, el conocimiento que a ellos abonan pierde vigencia en tanto el paradigma se vuelve inútil? ¿La ciencia acumula conocimiento o tan solo se desarrolla durante la vigencia del paradigma para después “volver a iniciar”?

Comenzamos entonces a particularizar la idea mediante la ejemplificación: “Newton no aplica en todo el universo” –Aseguró Paul Márquez– Tampoco las leyes de Mendel se cumplen en poblaciones silvestres, ni la selección natural de Darwin es el mecanismo más frecuente de evolución, entonces ¿Por qué nombrar  las hipótesis de estos hombres como “leyes”?

Al respecto el maestro Huesca pedía una diferenciación epistémica entre ley y teoría. Recordamos en este punto la importancia del manejo del lenguaje, las palabras de suyo tienen historia y tiempo, si sus fonemas y grafías son distintas no tiene por qué ser su significado el mismo, ya en su momento Carlos Fuentes lo argüía “No existen los sinónimos”. Fue Paul de nueva cuenta quien respondió al maestro “la ley es aquello que siempre se cumple, la teoría es tan solo un conjunto de ideas argumentadas que pueden o no cumplirse” Así entonces –pensamos–  nombrar a las ideas de Newton, Mendel, Darwin o cualquier otro protagonista de la historia de la ciencia (ser protagonista no implica ser el único) como teoría al parecer es certero.

Tocaba el turno al maestro Nan de la Cueva “Lo que preocupa a la filosofía es la existencia humana, aquello que trasciende, las ideas, por ejemplo. Retomando el punto de la biología, podemos decir que, el biólogo no sabe lo que es la vida, ésto le compete al filósofo, la ciencia quizá ha desacralizado la vida, la vida hecha cosa, objeto de estudio, la filosofía sacraliza la vida”

Un joven de entre las sillas barrocas que dan comodidad y singular belleza al aula que nos acogió el jueves dijo: “Considero que las leyes si existen en la naturaleza y si se cumplen siempre, lo que ocurre es que las leyes aplican en regiones acotadas, por ejemplo Newton si se cumple a bajas velocidades, aquí en el planeta la mecánica clásica no tiene contraejemplos. A nivel cuántico quizá no se cumplan o a velocidades cercanas a la luz, pero en regiones bien delimitadas si se cumplen”

Lo que observamos aquí es de nuevo es el problema del lenguaje, “si no se cumplen en todo el universo las leyes no lo son” Hablar de una búsqueda por la explicación de la totalidad (“todo el universo”) es hablar de la búsqueda de la verdad. “La verdad existe, el científico aspira a la verdad” –Destacó el maestro Nan– Entonces preguntamos ¿Cuál es la diferencia entre verdad y certeza? No podemos negar que la verdad pertenece a la realidad, la verdad se corresponde con la totalidad pero ¿Podemos como humanos aspirar a la verdad? ¡Somos parte de la totalidad! ¿Cómo abrazar a la totalidad cuando estamos en ella?  Quizá acaso el científico alcance certeza y ésta esté en función de las condiciones controladas de sus experimentos u observaciones, quizá la certeza si, quizá la verdad jamás. La charla se tornó un ir y venir en el mundo de las ideas: la verdad, la certeza, el todo, el universo, la aspiración, ideales que nos hacen hombres, humanos y que nos persiguen y al mismo tiempo perseguimos durante la vida, esa vida trascendental del Mtro. Nan de la Cueva, no esa vida material de la biología.

“La filosofía piensa en aquello que es metafísico, la ciencia en la experimentación” “Con lo que trabaja el filósofo no es material”–Defendió el Maestro Fernando Huesca–. Una diferencia bien marcada y apuntada en el momento preciso; explorábamos las diferencias entre ambas formas de conocimiento y redundamos en que el sisma está en el método, en el objeto o idea de estudio y en la vigencia de ambas estructuras de pensamiento. Sin duda el conocimiento filosófico y el lenguaje matemático tendrán vigencia a perpetuidad mientras que las hipótesis científicas tan solo nos proporcionarán una tranquilidad efímera por un tiempo y espacio tan reducido como el momento en que alguno dude de ella. Y estos dos conjuntos, ciencia y filosofía se intersectan ahí, en la duda, el la interrogación.

“Sin embargo he de decir que el conocimiento científico es válido, debemos distinguirlo apropiadamente de la pseudociencia”  –Recordó el maestro Huesca–  ¡Con seguridad!  –Apuntamos de inmediato– La ciencia es una búsqueda de la verdad, la ciencia alcanza certezas que, aunque momentáneas, nos han mostrado que la realidad puede tener una explicación más allá del mito, la ciencia es racional y aunque sus objetos de pensamiento son materiales y pasaron por el filtro de los sentidos las hipótesis planteadas por quienes practican estas disciplinas tienen un valor en lo probabilístico y en la formulación de modelos que simplifiquen el entorno.

Jóvenes iban y venían al micrófono, opiniones exquisitamente argumentadas, contra ejemplos, citas históricas e ideas desbordadas. El maestro José Várguez tomó la palabra: “¡Esto es un ágora! aunque no estemos al aire libre ni en la Grecia de mis queridos filósofos clásicos ¡esto es un ágora!” La piel se erizó, las sonrisas no cabían en los rostros de los que abarrotamos el aula José Ma. Iglesias y la plática llegaba a su fin. ¡Qué importante es abrir espacios de debate! Agradecimos al Dr. Ricardo Gibu y al Maestro Várguez por su maravillosa organización, al Dr. Ángel Xolocotzi por ayudarnos a contar con un aula, a las Jornadas Filosóficas Leibniz por moderar la charla, al Dr. Palma por apoyar la pluralidad en la universidad y a los participantes, el Mtro. Nan de la Cueva y el Mtro. Fernando Huesca y a todos los presentes, amigos, estudiantes, profesores, autoridades académicas y ahora damos las gracias a nuestros lectores porque ustedes nos hacen ser, son la parte de la totalidad que si podemos abrazar con el pensamiento. Gracias. ¡Sigamos dudando juntos!

eduardopinedav@ymail.com

ladudametodicamx@gmail.com 

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