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La colaboración entre Gobierno, I.P. y Universidad logrará el desarrollo: Dr. Ricardo Caicedo
Por: Eduardo Pineda Villanueva
2014

En el laboratorio de Endocrinología de la reproducción y malacología de la Escuela de Biología de la BUAP, nos recibió amablemente el Dr. Ricardo Caicedo Rivas, con una sonrisa en el rostro, leyendo frente al monitor de su computadora, mientras asesoraba a una de sus estudiantes para la redacción de su protocolo de maestría, entre papeles, materiales de laboratorio y rodeado de estudiantes  platicó con nosotros durante poco más de una hora.

Presentamos aquí una síntesis de esta charla, destacamos algunos aspectos de su vida, sus logros como investigador, las líneas de estudio que desarrolla en nuestra universidad y su sincera y no siempre tan cómoda postura frente a los factores sociales y políticos que permean a la educación y al desarrollo científico de nuestro país.  

Pero… ¿Quién es el Dr. Ricardo Caicedo Rivas?

Nació y vivió en la ciudad de Panamá, Panamá, donde realizó su formación básica y estudios en medicina, cuando se encontraba a punto de concluir su preparación en este campo descubrió su verdadera vocación como investigador científico, ello lo llevo a estudiar biología en la misma ciudad caribeña, concluyendo sus estudios profesionales conduciéndose al ingreso a la maestría en ecología-marina-tropical en la Universidad de Delaware y la Smithsonian Institution en E.U.A.

Una vez concluido el doctorado, Ricardo Caicedo fue aceptado para realizar estudios de posgrado (maestría y doctorado, concluyendo con una estancia posdoctoral) en Japón en la Universidad de Nagoya y Gifu, respectivamente;  experiencia que sin duda marcó su quehacer académico y su práctica científica; rescata la disciplina, el orden, la pasión por la sistematización en la adquisición del conocimiento, la complejidad de aquel lenguaje oriental, la tolerancia y el respeto que se percibe día con día entre la sociedad nipona.

Posteriormente realizó una estancia posdoctoral más en la Universidad Nacional Autónoma de México, estancia que, entre otras cosas lo condujo a su residencia definitiva en nuestro país.

Le pedimos compartir con nosotros y nuestros lectores sus mejores experiencias como investigador y docente. Comentó acerca de la época en que trabajó en el instituto de neurobiología de la UNAM con radio isotopos para detectar hormonas, así como sus estudios sobre las características reproductivas en vertebrados por efecto de los estrógenos. También nos compartió lo mucho que para él ha significado la dirección de tesis de licenciatura y posgrado tanto en la BUAP como en otras universidades e institutos.

Conforme recorríamos visualmente el laboratorio donde trabaja, surgieron varias preguntas inevitables.

¿Por qué interesarse en el estudio de la fisiología animal? “El bienestar animal cuando hablamos de animales de consumo humano, es el bienestar del hombre; si algo enferma al animal puede enfermar al hombre, por ello trabajamos en la eco-patología de animales de importancia económica, distribución zoo-geográfica; seguridad e inocuidad alimentaria, cuidado del uso de aditivos alimenticios para el ganado; el clembuterol, por ejemplo, fármaco que permite el desarrollo acelerado del tejido muscular, usado y abusado en el ganado vacuno principalmente.

Ocasiona en el hombre cirrosis hepática, deficiencia renal, deficiencia de la glándula tiroides, obesidad visceral por la actividad de β-agonistas como activadores de genes que expresan retención de tejidos grasos, alteración en la producción de glucagón, depresión del sistema inmunológico, entre otras”

Justo en esa parte de su explicación hubo que interrumpirlo; doctor: según se sabe, el uso de aditivos alimenticios en el ganado está regulado, entonces ¿Por qué sigue ocurriendo el abuso de éstos? “Porque el problema de la sanidad animal es el mismo problema que se presenta en casi todos los aspectos que atañen a la honestidad del hombre: es un problema socio-cultural, es un problema de intereses económicos y de desinterés de las autoridades por vigilar lo que ocurre con el proceder de la iniciativa privada”

¿Eso es el capitalismo? ¿Que la iniciativa privada se mueva libremente sin regulación, que los gobiernos y sus pueblos sean espectadores y no participantes de las decisiones fundamentales? – preguntamos–  “Pues sí, sin embargo creo que no se ha considerado lo que podría ser una adecuada solución –destacó el investigador– que la regulación sanitaria y muchos aspectos (sobre todo los que inciden en la salud pública) se lleven a cabo después de haberle pedido su opinión a las universidades”

¿La universidad es imparcial? –cuestionamos casi como de botepronto–  “Si, la universidad vela por la adquisición del conocimiento por una parte y por la aplicación del mismo, por otra; la universidad es imparcial, la universidad educa y sólo con la colaboración entre gobierno, iniciativa privada y universidad se puede lograr el desarrollo científico y tecnológico de un país en pos de los intereses y el bienestar del pueblo”.

Hasta aquí, podemos deducir de las opiniones y sentencias del investigador que la ciencia es mucho más que permanecer en un laboratorio u oficina disectando animales o cultivando plantas o bacterias, que la ciencia no es solo el libro, el aula, el alumno y el maestro; la ciencia va más allá, puede permitir la conciencia social, puede orientar en la toma de decisiones y puede promover la conducta honesta de los pueblos.

Entonces hicimos dos preguntas consecutivas al profesor: ¿En nuestro país la universidad se basta en esta tarea? ¿Qué necesita la investigación científica para contribuir realmente al desarrollo de la sociedad? “¡Apoyo! –dijo sin titubear–  necesitamos inversión, desarrollar tecnología, no comprarla ni copiarla, desarrollarla de acuerdo a nuestras necesidades, necesitamos vocación en nuestros estudiantes y profesores y disciplina; orden, perseverancia y laboriosidad; pero principalmente disciplina”

Al escuchar hablar al Dr. Caicedo (como le dicen sus alumnos) de vocación, disciplina, orden y todos aquellos valores que resuenan en las exigencias de cualquier programa científico, sentimos la necesidad de preguntar sobre la educación en México: ¿Cómo se puede despertar vocación científica en los niños, cómo quitar el miedo por las matemáticas o las ciencias?

“Miedo y tabú ¬–complementó el docente– se comenta normalmente en las escuelas que la ciencia es difícil; y es que los profesores y las profesoras en las primarias y secundarias (con sus respectivas excepciones) desgraciadamente no han recibido educación en ciencias, no saben de lo que esto trata realmente y si a ellos les enseñaron que es difícil, pues enseñaran que así es y se vuelve un círculo vicioso”

¿Cómo romper ese círculo? – preguntamos de inmediato–  “Enfocándonos en las nuevas generaciones, ahí cobra importancia la divulgación, la extensión del conocimiento; debemos mostrar a los pequeños que esas preguntas que se hacen habitualmente como por ejemplo ¿por qué llueve? tienen una respuesta y que ellos mismos las pueden descubrir; debemos dejar que los pequeños pregunten, que averigüen y escuchar sus opiniones”

Finalmente ellos hacen algo semejante a lo que realiza el científico: preguntar y preguntarse –opinamos como rematando el enunciado del profesor–   “¡Claro! cuestionarse, preguntar incluso si aquello que está escrito en los libros es cierto del todo, la pregunta hace a la ciencia y la búsqueda de respuestas también”  –remató con más fuerza él–

Se nos quedaban en la bolsa o en el cuaderno, mejor dicho, muchas preguntas; era muy complicado platicar de tanto en tan poco tiempo, pero una pregunta obligada más tuvimos que hacer: ¿Cómo vislumbra el futuro de la ciencia en México?

“En decadencia –respondió con firmeza– mientras no haya un apoyo serio, mientras no haya inversión y no se considere a la universidad como pieza indispensable y fundamental en este triángulo que estoy proponiendo entre gobierno, empresas y universidad, no habrá desarrollo científico.

Muchas veces si los investigadores no obtienen los resultados esperados, no es porque no quisieron, es porque no pudieron, porque no tienen lo suficiente con que trabajar; la competitividad a nivel internacional requiere ¡forzosamente! herramientas tecnológicas de vanguardia y para ello requerimos inversión y apoyo. Falta aún esa parte que le toca al gobierno: incentivar a la iniciativa privada a invertir en las universidades”

Así, con estas palabras del Dr. Ricardo Caicedo Rivas llegábamos al final de nuestra charla, por momentos seria, por momentos divertida, a veces critica, pero siempre interesante. Hasta la próxima. Nos leeremos pronto…

 

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